
Hay una canción que se llama En un bosque de la China que empieza así: “en un bosque de la China la chinita se perdió, como yo estaba perdido nos encontramos los dos...”. Recuerdo muy bien que hace unos años le decía a dos amigos que la canción no tenía sentido: “¿quién dijo que si dos personas están perdidas en un bosque están destinadas a encontrarse precisamente por el hecho de estar perdidas? ¿acaso no podían estar perdidos en el mismo bosque y no encontrarse nunca?”. El día que me ví Lost in Translation volví a pensar en eso. En esta película de Sofía Coppola los dos personajes se encuentran precisamente porque estaban perdidos en el mismo bosque de gente (como en la canción de la chinita) y seguramente no habrían tenido la oportunidad de encontrarse de no haber estado los dos, como estaban, perdidos en el sinsentido de estar en un lugar en el que no quieren estar, pero sabiendo que no tiene objeto volver a donde estaban antes.
Eso me hace pensar en la interpretación que he dado a ciertos encuentros con gente que me he cruzado en la vida, incluso me invita a revaluar esa noción de "estar destinado a encontrarse" con alguien. Yo solía pensar, no sin algo de cursilería y una gran falta de sustento teórico, que el haber estado en muchos sitios en común con otra persona, incluso sin haberse encontrado, era una prueba irrefutable de que uno estaba destinado a encontrarse; que de algún modo la vida nos iba poniendo en situaciones en las que podíamos encontrarnos con esa persona y que si eso no sucedía era porque podía no ser el momento adecuado, pero precisamente por eso siempre aparecía otra oportunidad.
Después de muchos osos y decepciones descubrí lo contrario: me doy cuenta de que la vida no se equivoca con esos desencuentros, ellos son más bien la prueba de que uno también puede estar en el mismo bosque y no encontrarse a la chinita, que uno también puede estar destinado a no encontrarse con alguien con quien quisiera encontrarse. Hoy sigo creyendo que hay gente con la que estaba destinada a encontrarme, pero que la prueba de ello es haberlas encontrado una sola vez, contra todos los pronósticos y teniendo la posibilidad de no haber cruzado ni una palabra, a pesar de lo cual hoy hacen parte fundamental de mi vida.

